Club Estudiantes Concordia, símbolo de unión, de pujanza y fuerza, espíritu indomable de muchachada sedienta de reencuentro, todas las virtudes que adornan tu nacimiento seguirán iluminando el derrotero de tu futuro, seguirán dando fuerza y respaldando la confianza de esa masa que te sigue y de ese núcleo de bravos que te dirige.

Hace 71 años, alguien dijo: “los estudiantes de Concordia deberíamos unirnos y todos juntos luchar como en el aula, ya no con la mente sino con el músculo, demostrar a nuestros mayores que la disciplina y la conducta que rige nuestra marcha hacia el saber, la sabremos aplicar en el deporte”. Así surgió la idea de unir a todo el alumnado en una sociedad con fines deportivos.

Ya en los primeros años de confrontaciones del más popular de los deportes se notaba que la cordialidad, el respeto y la disciplina eran un comienzo halagüeño para que la idea de conjugar los esfuerzos se cristalizaran.

En el año 1942 un grupo de estudiantes visitaba a menudo otras ciudades integrando combinados de colegios secundarios de la ciudad. El 12 de julio de ese año, viajaron a Villaguay invitados por ADEV, para jugar al básquetbol, pelota a paleta y fútbol. De regreso, en el colectivo se comentaban las alternativas de los partidos que habían resultado favorables a los concordienses en básquetbol, no así en paleta ni en fútbol. En ese viaje, Horacio Ancarola, uno de los deportistas, dijo: “los estudiantes de Concordia debemos unirnos y formar un club y presentarnos al campeonato de la Liga”. Así nacía esta maravillosa iniciativa.

La idea de unir a todo el alumnado en una sociedad con fines deportivos siguió cobrando fuerza en el año 1943. En ese entonces eran sólo cuatro los colegios secundarios existentes: la Escuela Normal Mixta de Maestros, la Escuela de Comercio, el Colegio Nacional Alejandro Carbó y la Escuela de Artes y Oficios, y no eran más de dos divisiones por curso, así que no había una masiva cantidad de alumnos.

Combinado de fútbol de los estudiantes de Concordia. Encuentro deportivo. Villaguay, 12 de julio de 1942

Combinado de fútbol de los estudiantes de Concordia. Encuentro deportivo. Villaguay, 12 de julio de 1942

 Se realizaron las primeras reuniones y de ellas la decisión de formar un conjunto con elementos de todos los establecimientos secundarios para comenzar la práctica del fútbol. Surgen nombres: Alfredo Iglesias, el ingeniero Banfi, el doctor Siburu, Sergio Gómez, el doctor Rovira, el maestro Bruno, Montrul, el profesor Narbaiz y muchos otros, todos ellos profesores de esos muchachos. El primer paso estaba dado, ahora sólo restaba darle forma, cuerpo y orientación.

En noviembre de ese año, se organizó en el Club Libertad un festival de atletismo dirigido por la profesora de ejercicios Joaquina Urdangarín de Soler de la Escuela Normal, interviniendo la casi totalidad del alumnado. A continuación, un partido de fútbol entre A. D. Estudiantes de Villaguay (Primera División) y el equipo de estudiantes de Concordia (Tito –capitán-, Deveter, Ancarola, Salas, Tarraf, Marelli, Sieyra, Sureda, Grandín, Michel, Kofman). “Ganamos 5 a 1”, afirmó José Tito.

Así se iban afianzando cada vez más los vínculos que irían cimentando poco a poco lo que sería luego el gran Club de los Estudiantes.

El salón de actos de la Escuela Normal, como la casa de Don Alfredo Iglesias (San Luís, entre Bernardo de Irigoyen y San Martín), serían las primeras sedes, allí se seguía dando forma a la idea y, luego de tantas marchas y contramarchas, se decide allá a principios de 1944 fundar un club que se llamaría “De los Estudiantes”. Se convocó a una asamblea para decidir en definitiva sobre la fundación del Club. Esta asamblea se llevó a cabo en el Club Regatas Concordia, donde después de disputarse un partido de fútbol y saborear un jugoso asado debajo del añoso ombú allí existente, se resolvió fundar el club y gestionar su inscripción en la Liga.

Siendo el fin primordial de los fundadores agrupar a todos los estudiantes desde el primer momento contó con la aprobación de todos el nombre de “Club Estudiantes”, pero mientras algunos preferían denominarlo con estas dos palabras solamente, otros sugerían agregarle “Concordia”. Finalmente, por moción del señor Alfredo Iglesias, se optó por la denominación actual: CLUB ESTUDIANTES CONCORDIA. Los colores a adoptarse también fueron tema de largas discusiones: Tito disponía dos anchas franjas rojas verticales con una blanca al medio. Otra parte sugirió el blanco y el verde dispuestos en forma de rombos. Finalmente se impuso esta última moción: el blanco simbolizando la pureza; el verde, la esperanza.

La primera Comisión Directiva que comandó los destinos del club fue la siguiente: Presidente el Dr. Carlos Siburu, Vicepresidente Ing. Américo Banfi, Secretario Alfredo Iglesias, Prosecretario Carlos A. Bruno, Tesorero Horacio R. Ancarola, Protesorero Carlos A. Sieyra, Vocales Bernardo Narbaiz, Jorge A. Inchauspe, José A. Tito, Carlos F. Michel, Domingo Magistrali, Roberto Deveter, Gustavo Bochó, Horacio Cives.

¡El Club estaba fundado! 9 de mayo de 1944, de ahí en más el camino a recorrer sería arduo, la tarea de directivos y jugadores improba, cada uno aportaría su entusiasmo y su trabajo para que lo que se acababa de lograr se afianzara en el tiempo, para que ese conjunto de pueblo se hiciera cada vez más grande, que fuera digno representante de la gente que lo componía. Y así fue, no había un local social, no había antecedentes de organizadores en la gran mayoría de sus componentes, pero eso si, había sobrada dosis de optimismo y voluntad en todos. Tenían desde el comienzo un amplio apoyo moral de todos los sectores, sólo restaba ahora hacer y todos, hombro a hombro, luchar por el ideal que los había unido.

Mención especial para estudiantes como Ancarola, Deveter, Bochó y otros, que robaban horas a su estudio, así como también a profesores como Iglesias, Banfi o Siburu, que dejaban muchas veces de atender sus obligaciones en vías de trámites, pedidos, etc. en cumplimiento de su mandato.

De esta forma, hecha realidad la idea primitiva, se ingresa a la Liga Concordiense de Fútbol en el año 1944. Se inicia el campeonato y junto a la alegría de ver al club que tanto empeño había costado, la inmensa hinchada compuesta en su gran mayoría por estudiantes de todos los colegios se hace presente en las instalaciones del Club Libertad, primer rival oficial. El resultado arroja un saldo catastrófico, esa alegría se vuelve tristeza, derrota  por 8 a 2. Integraban ese primer plantel: Chioveta, Ancarola y Agostini; Gazzolo, Mancioni y Marelli; Sieyra, Bertozzi, Deveter, Michel y Kofman.

Pese al resultado, no decaen los ánimos. Al contrario, el mismo ímpetu que los llevó a la concreción de su anhelo sale a flote y, dándoles un voto de confianza a los integrantes del plantel, se mira hacia el futuro. Las posteriores presentaciones dejan saldos positivos y negativos, pero ya nada podría quebrar esa fuerza conjunta que se hace carne en cada uno de los que día a día ingresan a la institución.

Pasan los años y el club, formado en un principio para la práctica del fútbol, ve la necesidad de ampliar sus actividades. El paso siguiente, de acuerdo a las opiniones de sus directivos, es el básquetbol y para tal fin se logra alquilar las instalaciones que el Club Vasco poseía sobre las calles La Rioja y Catamarca, allí se trabaja hasta dejar en condiciones las canchas y vuelven a surgir nombres que serían quienes orientaran en ese deporte a la juventud ansiosa: René Roldán, Julio Cristina, Luis Sobrino, Francisco Blanco, Franco y otros. Si hasta tuvo un equipo femenino de básquet. Fue en el año 1951 y lo integraban María Monzalvo, Rosa Cristina, Noemí Monzalvo, Josefina Marthy, Elsa Cristina, Mabel Robles, Hilda Dadino y Yayi Forclaz.

Esos serían los dos comienzos deportivos del club. Más acá en el tiempo, surgen dos nuevas disciplinas que agrandan el abanico deportivo de la institución. A principios de los noventa, se abre la Escuela de Karate Club Estudiantes Concordia, afiliada a la Federación Unica de Karate y Kobudo de Entre Ríos (FUKKER) y a la Federación Argentina de Karate (FAK). La misma es dirigida por el entrenador nacional Daniel Flores.

Por último, en el 2003 se reincorpora otra de las actividades del club: el voleibol, que ya había tenido un paso anterior en la década del sesenta. Este deporte surge por iniciativa de un grupo de deportistas que militaban en el Club Concordia Voley, quienes deciden independizarse y encuentran en el Club Estudiantes Concordia su nueva casa.

Básquetbol femenino y voleybol, dos de los deportes que alguna vez se practicaron en la institución.

Básquetbol femenino y voleybol, dos de los deportes que alguna vez se practicaron en la institución.

 La necesidad de brindar en lo social comodidades y espectáculos a socios y simpatizantes hace que la preocupación de los directivos se encamine hacia un local. Cabe destacar que ya para el año 1946 y por motivos contractuales, el Club se vio en la obligación de desocupar ese primer solar, de calle La Rioja y Catamarca. Ese motivo impulsó a directivos y simpatizantes a extremar los recursos para la concreción de la sede. La sastrería “Orlen” (Entre Ríos 805), con su dueño Don Orlando Lena a la cabeza, se convierte desde esos momentos en el refugio de directivos, jugadores, simpatizantes y, entre cortes e hilvanadas, se discuten posibilidades, hasta que se logra alquilar el terreno ubicado en San Luís y Santa María de Oro. El paso estaba dado, pero surgía el grave problema de recursos, allí precisamente se pone en evidencia una vez más la solidaridad y unión entre todos los que componen el club y de la sastrería surge una nueva idea: “la campaña del metro cuadrado”. Todos, sin excepción, contribuyen en una u otra forma y de esa manera se comienzan los trabajos. Allí, en ese terreno, el regimiento de hombres del club limpia, revoca, planta. Zorzi, Cerros, Blanco Fulladoza y otros muchos comandados por un hombre que ingresa por entonces al club: Don Carlos M. Ocampo, el que pala en mano también hace, todos trabajan, todos roban horas al descanso, todos piensan en lo mismo: el engrandecimiento del club.

Después de meses de trabajo todo está listo, llega el día de la inauguración. Son padrinos de ese nuevo esfuerzo la madre de los Agostini, Doña Micaela A. de Agostini y el propietario del terreno, gran colaborador Don Nicolás Romano. La fanfarria del Regimiento 6 también estaría presente y junto a los acordes del Himno Nacional, lágrimas de alegría de toda esa muchachada que ve cristalizado ese esfuerzo; desde ese momento el club podrá brindar nuevamente comodidades a sus socios. Comienzan este año en la temporada de verano las grandes veladas y con gran esfuerzo se logran presentaciones como la de Mario Clavel, Domingo Federico, Gregorio Barrios y otros muchos que hacen de las reuniones sociales del Club Estudiantes, centro de atracción. La temporada 50/51 demuestra una vez más el esfuerzo de los directivos por brindar grandes espectáculos a sus socios y ese año cierra el ciclo de presentaciones una personalidad dentro del género lírico-melódico, como lo era el Doctor Alfonso Ortíz Tirao, logrando el club con su presentación uno de los éxitos más rotundos.

Cómo olvidar los bailes que hacía el club: a puro descampado en lo que fue con los años la cancha de básquet. El club no tenía nada, había que acarrear sillas, devolverlas a la terminación del baile, hacer de cantineros, pelear en la puerta con los que querían entrar sin pagar y, sobre todo, traer a pulso el piano desde dos cuadras donde la familia Boschetti se los prestaba. Y a pulso devolverlo.

Fiesta del Vigésimo Aniversario de la Institución celebrada en las instalaciones del Club Viajantes Concordia.

Fiesta del Vigésimo Aniversario de la Institución celebrada en las instalaciones del Club Viajantes Concordia.

En su campaña, el club logra algunas satisfacciones pero ninguna tan elocuente de la disciplina y el respeto deportivo como el logro de la “Copa Juan Francisco Castro”, trofeo otorgado al club cuyo comportamiento en los campos de deportes durante 3 años seguidos o en su defecto 5 alternados haya sido ejemplar, allí está ahora en la vitrina de trofeos engalanando y manteniéndose vigía del comportamiento de los deportistas de la institución.

No olvidemos mencionar a un hombre que en determinado momento tuvo la gravísima responsabilidad de afrontar una situación crítica en la vida del club, por diversos motivos ajenos a la voluntad individual se había llegado a un desmembramiento tal que la institución que tanto sacrificio había costado se derrumbaba, allí surgió la figura de Don Carlos Miggoni, en quien prácticamente había quedado el total manejo del club, llamo a colaborar a los propios integrantes del equipo de fútbol y entre otros Toto Agostini se pusieron incondicionalmente a su lado y nuevamente la familiar “Bolsería” sería centro de las deliberaciones y en donde se ordenarían nuevamente las cosas; etapa superada para bien del club, experiencia más en su trayectoria.

El año 1955 el Club Estudiantes Concordia demuestra una vez más su preocupación por brindar siempre grandes espectáculos y lo demuestra con la realización del campeonato Argentino de Judo, que se lleva a cabo en las instalaciones de calle Buenos Aires 80 (ex Cine Familiar), un gran éxito corona el esfuerzo. Otro hecho significativo del celo hacia sus asociados es la realización del Carnaval de Invierno, que año tras año se fue realizando siempre con grandes satisfacciones y poniendo un matiz distinto a las acostumbradas veladas invernales. Gran mentor de este evento: Don Pedro Dell’ Olio.

Sede de Buenos Aires 80

Antigua sede social ubicada en Buenos Aires 80.

 En el año 1962, y luego de tratativas con el entonces Interventor Municipal se logró la cesión de un terreno lindero con el parque Mitre y la Costanera para la práctica del fútbol, terreno que le fue quitado por el mismo municipio muchos años más tarde, a mediados de los 90.

En 1976, y después de muchos años de alquiler, se procedió a la compra definitiva del terreno de Santa María de Oro y San Luís. El mismo se señó con dinero obtenido de un préstamo solicitado al Banco Italia, mientras que el resto de los aportes surgieron con el lanzamiento del “Bono Verde”. Este consistía en aportes de dinero de socios y simpatizantes al club, con la condición de que éste los iría devolviendo uno a uno con un mínimo de interés. Lo curioso, es que ni un sólo contribuyente reclamó jamás el reintegro de ese dinero, en lo que quedó puesto de manifiesto una vez más, el sentido de colaboración hacia la institución.

 Luego de la sede provisional de Buenos Aires 80 llegaría la adquisición de un terreno sobre calle Bernardo de Irigoyen, donde se pensó en edificar. Sin embargo, estas obras nunca pudieron concretarse debido a que el terreno ofrecía constantes problemas, ya que estaba cruzado por el arroyo Concordia y su entubación era muy costosa. Por tal motivo se decidió su venta y con el dinero de la misma, más lo recaudado en una rifa cuyo primer premio era un Torino 0 Km., se procedió a la compra de la actual sede social. “Es una venerable anciana”, dijeron los muchachos cuando compraron la propiedad de San Luís 421, actual sede social, allá por 1966. Tiene 20 metros de frente por 45 de fondo. Constaba de varias piezas, “algunas de las cuales padecen de reuma y otras yerbas” comentaban al ver la superficie tan grande y tan venida a menos. Pero ellos creían que un buen maquillaje y tantos doctores y químicos que tenía el club podrían sacarla adelante para rejuvenecerla. “Todavía se van a enamorar de esta vejestoria…”.

Fachada de nuestra actual sede social al momento de ser adquirida por la institución

Fachada de nuestra actual sede social al momento de ser adquirida por la institución

Debe haber sido así porque después de tirar abajo piezas, levantar patios y romper paredes la vieron más joven y más linda. Tuvieron su cancha de bochas, salón de bailes cubierto, salones para biblioteca, comedor, secretaría, churrasquería. La inversión para hacer todo era mucha pero el club es “de todos” dijeron, así que había que trabajar.

Y como siempre, trabajaron.

Un aspecto de las obras de refacción de la sede social de San Luis 421. Año 1967.

Un aspecto de las obras de refacción de la sede social de San Luis 421. Año 1967.